El Fosbury Café, aires ibicencos en Castelldefels

Entrevista a Jorge Álvarez, propietario del restaurante Fosbury

jorge alvarez 1Si hay un local que en los últimos tiempos ha roto moldes y ha marcado caminos a seguir en restauración en Castelldefels, éste es Fosbury Café. Su apuesta visionaria fue arriesgada, trabajada, y, además, en tiempos aparentemente poco propicios. A veces, ir a contracorriente tiene su recompensa.

¿Cuál es vuestra historia? ¿Cómo nació el Fosbury?
Nosotros somos de Zaragoza y desde hace dieciocho años estamos viviendo en Castelldefels, disfrutando de la playa. Unos años atrás hicimos la primera inversión en el pueblo con el local Hola Ola Playa, aquí en el 334 del Passeig Marítim, que es cafetería, heladería y panadería. Es un local pequeño, pero que nos permitió conocer a Castelldefels a nivel empresarial. Siempre que pasaba por esta esquina, donde está ahora Fosbury Café , tanto cuando iba en bici como cuando paseaba con la familia, pensaba que era un lugar desaprovechado. También influyó que, si quería salir a comer, había aquí sitios que estaban muy bien, pero si te apetecía variar un poco tenías que ir a Sitges o a Barcelona, donde encontrabas restaurantes diversos, con una decoración más moderna. También tenemos una especial predilección por Ibiza, por lo que la isla transmite al cliente.

¿Qué transmite Ibiza?
Transmite paz, te desinhibes, estás relajado. Y depende de la zona por la que te mueves, ves el descontrol, el lujo, los grandes barcos, y te das cuenta cómo vive un tipo de gente de otras culturas y de otras posibilidades económicas. Te dejas llevar, cada uno en su nivel y en su cordura, de la magia de Ibiza. Un buen día pensamos en adaptar la parte racional y divertida de aquella isla a Castelldefels. Evidentemente, no puedes vender un refresco a nueve euros ni una botella de vino blanco a treinta y nueve, ni que un DJ moleste a los vecinos con la música. Pero sí que puedes trasladar la decoración y el ambiente chill out, y hacer una mezcla, tamizada por nuestro criterio. Empezamos a desarrollar la idea y nos faltaba poner el nombre. Y se nos ocurrió Fosbury, en honor al primer atleta olímpico que hizo el salto de altura girándose de espaldas, cuando todos sus competidores saltaban siempre cara abajo. Y ganó. En su día, Fosbury fue innovación, riesgo, sorpresa, éxito. Fue muchas cosas que iban ligadas a nuestro proyecto.
Fue un proyecto arriesgado…
Sí. Algunos colaboradores, en nuestra fase inicial, nos decían que estábamos locos, que sería sin duda nuestra ruina. Y argumentaban que estábamos en la zona del apeadero, que nuestra carta de perfil medio alto (aunque nuestra carta está para todos los públicos) no cuadraba con las personas que en verano frecuentan la zona. En definitiva, se daban muchos condicionantes y solo la locura podía hacer que saliese bien. Abrimos en mayo del 2012, y ahora les doy la razón. Esto había sido una locura. Por suerte, tuvimos éxito.
¿Qué tiene de diferente la gestión del Fosbury?
Tiene unos costes adicionales a los de un restaurante tradicional, porqué está al lado del mar, con muchos elementos “chic”, como maderas y otros elementos sensibles al salitre. Los costes energéticos también son muy altos porque es un espacio grande, y los de la plantilla también. Pero se diseñó de esta manera, sabiendo que Castelldefels tiene una gran diferencia de afluencia de clientes en función de la temporada. Es un proyecto serio, cuya estructura no depende de la rotación estacional, y hay que esperar otros dos o tres años hasta que el proyecto se asiente definitivamente. Fuimos los que empezamos primero, y el que da primero da dos veces. Castelldefels está creciendo en oferta de restauración. Esto siempre es positivo.

¿A qué zonas de población va dirigida vuestra oferta?
Queremos vivir del público de Castelldefels, del Baix Llobregat, pero sobretodo del de Barcelona. No queremos cerrar nuestras expectativas a 60.000 o 200.000 clientes potenciales, sino que tenemos que ser atractivos para cuatro millones. Es habitual escuchar clientes en recepción procedentes de Barcelona que comentan que hacía quince o veinte años que no venían por Castelldefels, y que ha cambiado para bien. Hay que aumentar la afluencia de gente sobre todo en los meses de invierno.

¿Cómo valoras la vinculación histórica de Castelldefels con la restauración?
Solo llevo dieciocho años en el pueblo y mi opinión no sería completa. Conozco al señor Yepes, de La Canasta, que es mi mentor, y que lleva muchos años haciendo un gran trabajo. Tengo también muy buena relación con el presidente del Gremi de Hostaleria, el señor Ortiz Chumillas, el cual hace un esfuerzo titánico para tirar del carro de dicho gremio. Todas las acciones del Gremi, como les Jornades Gastronòmiques y multitud de otros eventos, son muy positivas, siempre suman.

¿Cuál es tu opinión sobre los chiringuitos y los nuevos restaurantes que van saliendo en la línea del Fosbury?
Los chiringuitos están dando a la playa una dinámica distinta, moderna, la gente les sigue y funcionan bien. Desde luego, los chiringuitos, a la playa de Castelldefels, le otorgan otro color, más ambiente. A todos nos gusta ir a inicios de verano a la playa en bermudas y tomarte un mojito allí. Es verdad que todo este éxito, en el cual me incluyo, tenemos que digerirlo y moderarlo. Para el 2015, el Fosbury va a limitar su aforo y nos centraremos más en dar servicio. Si el restaurante se nos llena con cuatrocientas personas, no conseguimos transmitir nuestra magia, que es la que nos deseamos. Queremos vender sensaciones con nuestro “socio mayoritario”, que es el mar y la playa, y nuestra esquina, nuestra decoración y, obviamente, con una carta de calidad adaptada a un amplio rango de precios. Es todo un conjunto. Nos esforzamos también para que la plantilla transmita este concepto global al cliente. Buscamos un equilibrio entre lo que paga el cliente, la calidad que demanda, lo que recibe y disfruta.

¿Qué más tenéis en mente a medio plazo?
De momento, este invierno ya hemos dejado de dar comida en parte del espacio central, que ahora solo es un lugar de copas, relax y charlas, donde se celebran reuniones de negocios y donde se disfruta de esta magia. Es menos rentable, pero fidelizamos al cliente. La gente ve a Fosbury Café como un local abierto al mar donde se puede comer muy bien, organizar un evento para una empresa o reuniones negocios, o pasar un buen rato con los niños. Creemos más en un multiespacio que en un restaurante.

¿Cuál es tu idea de imagen de marca Castelldefels?
En todo lo relacionado con ocio, deporte, playa y restauración, Castelldefels tiene un largo recorrido para desarrollar. El deporte, por ejemplo, nos diferencia de Sitges, porque aquella ciudad tiene otros motores económicos y lúdicos, y estas diferencias son nuestras bazas. El cable sky en el Canal Olímpic me parece fantástico, ya que también marca una diferencia sobre Sitges. Tenemos la cercanía de Barcelona, una gran capital, que nos favorece enormemente. Otro tema seria poder desarrollar unos Beach Club, con servicios más amplios, de duchas y vestuarios, donde la gente de Barcelona, por ejemplo, pueda venir aquí, hacer deporte, comer, ducharse y volver tan fresco a la capital. Esto no significa en absoluto más masificación, ni ruido, ni que Castelldefels pierda su carácter residencial. En Ibiza, por ejemplo, ya hay playas con taquillas y vigilancia privada en la arena.

¿Cómo ves la III Fase del Passeig Marítim?
Necesaria e imprescindible. Además, llega en el momento perfecto, porque se empezará a disfrutar de verdad cuando la crisis haya disminuido, lo que posibilitará que miles de personas de Barcelona vengan a ver la ampliación, a conocer Castelldefels. Este será un buen momento para Castelldefels para explicar a los visitantes quienes somos y como trabajamos para que aprecien nuestros valores, y promover que vuelvan a menudo.

¿Cómo os lleváis con los poderes públicos?
Nuestra relación con ellos es fantástica. Es fluida, clara, transparente y rápida. Estoy satisfecho porque se nos escucha. Este gobierno municipal, que es el que ha coincidido con nuestra apertura, está muy volcado por la playa, que en definitiva es nuestro motor económico, nuestra industria.