ENTREVISTA A MARIANO GOMÀ

ENTREVISTA A MARIANO GOMÀ

Arquitecto y Presidente de la AAVV Bellamar

Arquitecto de reconocido prestigio profesional, siempre ha cultivado su formación humanística. Fruto de esta inquietud ha publicado gran número de artículos editoriales y de opinión de carácter general, ostentando diversas responsabilidades en instituciones de la sociedad civil o implicado profundamente en la actualidad en la actividad voluntaria. Actualmente, preside la Asociación de Vecinos de Bellamar de Castelldefels.

 

¿Cuando y por qué decide establecerse en Castelldefels?

Para empezar debo afirmar que Castelldefels es un lugar privilegiado por su maravilloso paisaje, playas, convivencia y dimensiones. No es fácil encontrar en el mundo un hecho similar a escasos quilómetros de una capita como Barcelona que es un ícono mundial de atracción turística. Es un privilegio vivir aquí…..Siempre digo que estoy viviendo habitualmente en un lugar donde la gente viene a pasar sus vacaciones. Creo que es una definición suficiente.

Mi decisión de vivir aquí es obvia, fue hace cinco años y el corazón me invitó a seguirle hasta aquí, lo cual le agradeceré siempre.

Actualmente es usted presidente de la Asociación de Vecinos de Bellamar. ¿Qué considera usted que necesita el barrio?

Me toca en ésta época presidir la Asociación de Vecinos de Bellamar y mi nombramiento fue simplemente porque se me ocurrió ofrecer mi persona solo para colaborar en éstos momentos desde mi condición de arquitecto en el tema de la reurbanización del barrio. Pero ya sabemos que cuando levantas la mano tienes todos los números para que te toque. Ahí estoy.

El gran problema del barrio es que como si del tercer mundo se tratara no tenemos alcantarillas ni servicios básicos de infraestructuras urbanísticas y durante decenas de años ningún gobierno municipal ha tenido consideración con nosotros pues suponían que nuestra calidad de vida ya era suficiente y no necesitábamos servicios de la más elemental salubridad.

Ayuntamientos que han hecho bandera de sus logros sociales, han abandonado sin embargo al barrio incumpliendo las más elementales reglas de salubridad catalanas, españolas y hasta europeas; ahora eso sí, pagando el IBI más caro que cualquier otro barrio o ciudad. Así es.

Parece que vamos a conseguir en poco tiempo hacer lo que ha tardado décadas en madurar.

Por lo demás los problemas del barrio se centran en que su diseminación y baja densidad no ha permitido hasta el momento disponer de pequeños servicios que hagan núcleo. No hay una floristería, compramos el periódico en la gasolinera. Nos falta corazón de barrio y podríamos trabajar en encontrar ese motor de vida para los vecinos.

¿Un rincón preferido de Bellamar?

Mi rincón preferido sería poder tomar una cerveza helada en la plaza de nuestra parroquia donde la gente se sintiera a gusto con los niños jugando y los vecinos comentando las cosas de siempre. Personas, seres humanos que se encuentran y hablan. Ojalá algún día lo veamos.

El año pasado le nombraron miembro de la Real Academia de Bellas Artes. ¿Qué ha supuesto para usted?

El nombramiento como Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando me parece un honor y una satisfacción después de toda una vida dedicada a la arquitectura y a la defensa del patrimonio arquitectónico y artístico, que además me ofrece la posibilidad de sentarme en un foro donde se comparten conocimientos con las mentes más lúcidas de nuestr país, aunque sean de gente mayor con mucha historia y experiencias. No hay nada mejor que compartir ideas con gente sabia e inteligente. Me enorgullece especialmente que quienes me propusieron fueron arquitectos y algunos de ellos habían sido catedráticos míos en mi carrera en Madrid con los que mantuve relación después en mis responsabilidades en la presidencia de los arquitectos en el Consejo Superior. Espero responder a la responsabilidad que se ha depositado en mí.

¿Nos puede hablar de su faceta literaria?

Siempre he dicho que pertenezco a la última generación de arquitectos “de letras”, es decir aquellos arquitectos que estudiamos humanidades, estética, análisis de formas, composición, historia de la arquitectura, etcétera. Además de los lógicos departamentos técnicos de proyectos, estructuras e instalaciones, matemática, física y resistencia de materiales.

Ello nos ha infundido una formación humanística, que echo en falta en la actualidad y que nos ofrece un mundo de las humanidades que pocas profesiones y generaciones tienen, en combinación con la tecnología absoluta.

Mi faceta literaria se genera a partir de esa formación. Los poemas, ensayos, libros y artículos editoriales, surgen directamente por ser capaz de tomar mi pluma y llenar de líneas un papel en blanco donde mi mente se refleja en palabras, frases y reflexiones.

Mis libros publicados hasta el momento y los que están a punto de nacer son el resultado de ese humanismo aplicado a la actividad literaria desde un punto de vista de un arquitecto como hombre de ciencias, que con el tiempo y la edad ha derivado a las letras.

Tiene usted también una gran vocación solidaria, ¿de que manera la desarrolla?

Mi historia de oro de Cruz Roja empezó cuando me ofrecí voluntario hace ya casi veinte años, para ir a Tinduff en el desierto de Argelia para organizar una ciudad de emergencia en los campamentos del frente Polisario.

No pude realizarlo pues Cruz Roja Internacional no podía garantizar mi seguridad; pero ahí se me inoculó el virus solidario y desde entonces he colaborado desde diferentes cargos directivos en Cruz Roja y en organizaciones en Etiopía para simplemente apoyar el trabajo de tanta gente buena que trabaja de forma anónima en la ayuda humanitaria.

Además he defendido siempre el orgullo del continente africano, sus gentes, tribus y tradiciones; a los que no podemos invadir ni contagiar nuestras costumbres y maneras, ya que ellos tienen las suyas que quizás sean hasta mejores y más sabias.

Quizás peque de romántico o altruista pero sigo y seguiré siempre confiando en la buena gente.